Malos tiempos para las redacciones (y la democracia)

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(La fotografia es de Mark Lennihan y muestra la primera intervención de Rupert Murdoch, subido en varias cajas de papel, en la redacción de The Wall Street Journal apenas unos días después de haber comprado la matriz del diario)


“El declive de los periódicos no tiene que ver con la sustitución de la anticuada tecnología de impresión de las noticias por la velocidad de Internet. No es una señal de un inevitable y saludable cambio. No es una forma de progreso. El declive de los periódicos tiene que ver con el auge de las grandes corporaciones, la pérdida de la ciudadanía y la responsabilidad pública por parte de gran parte de nuestra clase empresarial y la pobreza intelectual de nuestro post-alfabetizado mundo, en el que la información se transmite sobre todo a través de imágenes en movimiento y no de medios impresos”.

Un artículo de Chris Hedges publicado en Truthdig. El resto, tras el salto.


“Todas estas fuerzas se han combinado para estrangular los periódicos. Y la sangre en el suelo, sólo este año, es desalentadora. Unos 6.000 periodistas a nivel nacional han perdido sus puestos de trabajo, las páginas de noticias se están reduciendo radicalmente y los periódicos han caído. Los ingresos por publicidad han bajado drásticamente. McClatchy Co, editor de The Miami Herald, ha visto caer sus acciones un 77% este año. Lee Enterprises Inc, que posee The St Louis Post-Dispatch, ha sufrido una reducción del 84%. Gannett Co, que publica USA Today, ha reducido un 17% su volumen de negocio. The San Francisco Chronicle está perdiendo un millón de dólares por semana. 


Internet no salvará los periódicos. Aunque todos los importantes, y la mayoría de los más pequeños, tienen páginas web desde hace tiempo, representan menos del 10% de los ingresos por anuncios. Los analistas dicen que aunque la publicidad neta asciende a 21.000 millones de dólares al año, esta cantidad en realidad es relativamente pequeña. Hasta el momento, las grandes anunciantes se han quedado fuera, ya sea porque no están seguros de cómo utilizar Internet o porque sospechan que la atención sobre la Red no coincide con la de los mayores medios de comunicación.

Los periódicos, cuando hacen su trabajo, aportan confianza al público. Proporcionan, en su mejor versión, los medios para que los ciudadanos por sí mismos examinen las mentiras y el abuso de poder de los representantes electos y de las empresas corruptas; sirven para dar una voz a aquellos que, sin la prensa, no tienen voz, y hacen un seguimiento, imposible de ejercer por parte de un ciudadano privado, del funcionamiento diario de las instituciones locales, estatales y del Gobierno federal. Los periódicos contratan profesionales para escribir sobre el ayuntamiento, la capital del Estado, las campañas políticas, los deportes, la música, el arte y el teatro. Profesionales que son los que mantienen a los ciudadanos conectados con su patrimonio cultural y con la vida cívica y política. Cuando comencé como corresponsal extranjero hace 25 años, la mayoría de los periódicos importantes de la ciudad tenían oficinas en América Latina, Oriente Medio, Europa, Asia y Moscú. Reporteros y fotógrafos americanos mostraron a los lectores cómo era el mundo más allá de nuestras fronteras. La mayor parte están desapareciendo o han desaparecido.

Vivimos bajo la feliz ilusión de que podemos transfererir el tratamiento de las noticias a Internet. La recopilación de noticias seguirá existiendo, como se hace en Truthdig y sitios como ProPublica y Slate, pero estas tradiciones ahora tienen que lidiar con una nueva, extendida e ideológicamente impulsada por el partidismo, que domina la difusión de opiniones y de información, desde Fox News a Blogger. La mayoría de los bloggers y de los adictos a Internet, al igual que la interminable lista de cabezas parlantes de la televisión, no informan. Son, en gran medida, parásitos que se aferran a los productores tradicionales de noticias. Pueden producir ingeniosos y perspicaces comentarios, que felizmente han destrozado el monopolio de la opinión de las grandes periódicos, pero rara vez cogen el teléfono, y mucho menos salen a la calle y encuentran una historia. Casi todas las informaciones ¬–me imagino que al menos el 80%– las producen los periódicos y las agencias. Prescindamos de eso y tendremos un enorme agujero negro.

Los que confían en Internet acuden a las páginas que refuerzan sus creencias. El filtrado de información a través de una lente ideológica, que está destruyendo el periodismo de televisión, desafía el propósito de la presentación de noticias. El periodismo tienen por objeto transmitir información sin que importe lo que piensas. La información desafía y desestabiliza las creencias establecidas. La difusión de noticias, cuya elaboración consume mucho tiempo y con frecuencia es muy costosa, comienza a partir de la premisa de que hay cosas que necesitamos saber y entender, incluso si estas cosas nos hacen sentir incómodos. Si perdemos esta ética nos quedaremos con el partidismo, inundados por un mar de propaganda. Los usuarios de blogs, a diferencia de la mayoría de los periodistas, rara vez admiten errores. No pueden ser despedidos. Los hechos, para muchos bloggers, son intercambiables con las opiniones. Echa un vistazo al Informe Drudge. Este puede ser el nuevo rostro de lo que llamamos noticia.

Cuando las organizaciones de noticias tradicionales quiebren se perderá experiencia e información. Nuestra democracia sufrirá un golpe enorme. No el que mucho esperan. El promedio de tiempo que un lector de The New York Times dedica al papel impreso es de aproximadamente 45 minutos. El promedio de tiempo que un espectador pasa en el sitio web de The New York Times es de aproximadamente siete minutos. Hay una diferencia entre la navegación y la lectura. Y la Web está construida para navegar no para leer. Cuando se trata de un artículo largo en Internet, la mayor&iacut
e;a de nosotros tiene que imprimirlo.

El auge de las grandes corporaciones estatales es, sin embargo, lo que más ha contribuido a diezmar la forma tradicional de confeccionar las noticias. Time Warner, Disney, News Corp, General Electric y Viacom controlan casi todo lo que leemos, vemos, escuchamos y, en última instancia, pensamos. Y las noticias que no consiguen beneficios, aquellas que no desvían la atención de la gente de la participación cívica y de los desafíos del statu quo, no vale la pena perseguirlas. Es por eso que las agencias han cerrado sus oficinas en el extranjero. Esta es la razón de que los telediarios, con la frivolidad de sus comunicadores, tengan todos el aspecto y el sonido del show del día. Esta es la razón por la que la FCC, en un ejemplo de hasta qué punto nuestros estándares han caído, define el programa de chismes TMZ de la Fox y el 700 Club de la Christian Broadcast Network como “informativos”. Esta es la razón por la que personalidades de las noticias en televisión, gente como Katie Couric, se han convertido en celebridades que ganan, en su caso, 15 millones de dólares al año. Esta es la razón por la que periódicos como Los Angeles Times y Chicago Tribune están siendo despiadadamente canibalizados por trolls corporativos como Sam Zell, convertidos en cáscaras vacías que se centran cada vez más en el periodismo boutique. Las corporaciones no están en el negocio de las noticias. Odian las noticias, las noticias reales. Las noticias reales no convienen a sus abusos. Las noticias reales hacen que la gente haga preguntas. Prefieren cerrar los ojos indiscretos de los periodistas. Prefieren transformar las noticias en otra forma sin sentido de diversión y de entretenimiento.

Una democracia sobrevive cuando sus ciudadanos tienen acceso a fuentes de información imparciales y de confianza, cuando pueden discernir la verdad de la mentira. Prescinde de esto y la democracia se muere. La fusión de noticias y entretenimiento, el surgimiento de una clase de periodistas famosos en la televisión que definen la información por su acceso a las celebridades y a los poderosos, el retiro de muchos lectores en los guetos ideológicos de Internet y la despiadada campaña por parte de las corporaciones para destruir el negocio tradicional de las noticias nos dejan sordos, mudos y ciegos.

Nos están entreteniendo inteligentemente durante la caída. Tenemos nuestra propia versión del pan y el circo de la Antigua Roma con nuestros ubicuos y elaborados espectáculos, eventos deportivos, chismes de celebridades y telerrealidad. Las sociedades en declive, como escribió el filósofo romano Cicerón, ven su discurso político y cívico contaminado por la excitación y la vida emocional de la arena. Y los ciudadanos, en estas sociedades degradadas, advirtió, siempre terminan gobernados por un déspota, sea éste Nerón o George W. Bush”.

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