La indignidad de Feijóo

Por si las fotos de Alberto Núñez Feijóo publicadas por El País con el contrabandista y narcotraficante Marcial Dorado no fuesen suficientemente graves, el presidente de la Xunta parece empeñado en empeorar la situación con explicaciones que ofenden el sentido común.

Primero insinúa que fue un pecadillo de juventud, porque en aquel entonces apenas tenía… 34 años. Sí, han leído bien, 34 añazos y una carrera política de altura de la mano de José Manuel Romay Beccaría. Su mal sentido para las amistades no le impedía, al parecer, ocupar el número dos de la Consellería de Sanidade de la Xunta ni hacerse cargo del desaparecido Insalud cuando José María Aznar ganó sus primeras elecciones.

Después, asegura que Dorado no había sido condenado todavía por narcotráfico. Que hubiera sido detenido en dos ocasiones por contrabando de tabaco, la segunda de ellas en el marco de la sonada Operación Nécora, debió parecerle un detalle menor. Como si en Galicia no hubiese muerto definitivamente la comprensión de los años ochenta con los importadores del Winston de batea. Además, alega, pese a que los periódicos se ocupaban con frecuencia de los turbios negocios de Dorado, a él le habían dicho que “ya no se dedicaba al contrabando”.

Si fuese verdad, no se lo pierdan, Feijóo sería la única persona de Galicia que no sabía de los negocios ilegales del contrabandista. O miente o no dice la verdad. Como le ocurría a Mato con el Jaguar de su marido, al hoy presidente de la Xunta no se le ocurrió  preguntarse, siquiera para sus adentros, de dónde salían los yates, las mansiones y los viajes. Cuánta ingenuidad.

Pensarán quienes acaben de caerse de un guindo que Feijóo es un tipo de buen talante, incapaz de pensar mal de los demás. Que sinceramente creía que se trataba de un probo empresario injustamente tratado por la prensa y por ese juez con nombre de rey mago que ya sabemos todos cómo ha acabado. Pues quienes acepten ese discurso, que sepan que el mismo Feijóo al que ahora todo esto le parece normal, pidió la dimisión de Anxo Quintana en la campaña que le dio la Presidencia de la Xunta en 2009 por unas fotos en las que el líder nacionalista salia en la cubierta del yate de un conocido empresario de la construcción.

Quien no tuvo piedad, ni pudor, ni escrúpulos para pedir la cabeza de Quintana quiere ahora comprensión para él. Pues no la va a tener. Conservará la Presidencia, eso seguro, porque no piensa dimitir. Pero ya ha perdido la dignidad.   

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