¿Expertos?

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Socialistas y nacionalistas acaban de pactar (en secreto, sin que se sepa por qué y con esa actitud vergonzosa que los mortales adoptan cuando se saben culpables de actos impuros) el desbloqueo de la reforma de la ley que regula la radio y la televisión pública de Galicia. Al menos eso dicen sus dirigentes, porque está por ver su voluntad real de pasar de las palabras a los hechos. Lo han hecho, eso sí, anunciando la creación de una comisión de expertos (un amigo mío se echa a temblar cada vez que escucha a un político recurrir a un experto) que no hace sino aumentar las dudas acerca de la verdadera intención de la Xunta. Estas son mis razones para no creer en la sincera voluntad de cambio de nuestro Gobierno.

1) Tres años perdidos. Durante 36 meses, PSdeG y BNG se han limitado a demorar la solución del problema y a gestionar, en su propio beneficio, el modelo del PP. Habrá quien diga que los nacionalistas sí han querido cambiar las cosas, pero no es creíble: sus quejas tienen que ver con el hecho de ser parte perjudicada en el vergonzante reparto que ambas fuerzas políticas hicieron del botín audiovisual. Cuando comenzó todo se repartieron los puestos: las dirección general, la jefatura de informativos de TVG y la dirección de la radio, para el PSOE; la dirección de TVG y la jefatura de informativos de la radio, para el BNG. Hoy es fácil para cualquiera advertirlo en las noticias.

 

2) Nada que inventar. La excusa de que hay que pensar bien los cambios ofende a la inteligencia. Hace muchos años que se sabe cómo solucionar el problema. Es más, lo saben hasta los dirigentes de PSdeG y BNG. Podemos perder el tiempo debatiendo hasta la extenuación si los políticos deben pesar un 49% o un 0% a la hora de decidir lo que la radio y la televisión pública deben o no deben emitir (especialmente en los informativos), pero de lo que no hay duda es de que no debemos permitirles conservar el control. Si lo hacemos, como ellos quieren, sólo estaremos dándoles la razón, admitiendo que la información debe someterse al poder. No pareced un buen mensaje para la salud del sistema democrático.

 

3) Lo que los políticos entienden por expertos. Los políticos entienden por expertos, por regla general, personas que pueden dirigir e una u otra dirección. El que no lo crea que eche un vistazo a la composición del actual consejo de administración de CRTVG en el que, según la ley, sólo deberían sentarse personas de reconocido prestigio (reto a cualquier a citar uno solo que cumpla esta condición).

 

4) La exclusión de los periodistas. A riesgo de equivocarme, me atrevo a adelantar que el comité de expertos no incluirá a los periodistas y, específicamente, a su única expresión legal, el Colexio de Xornalistas de Galicia. No sólo por su independencia, que la tiene, sino porque es sin duda la institución que más tiempo y energía ha dedicado a promover la reforma de los medios de comunicación públicos.

 

¿Todo para qué? Para que el trámite de la ley decaiga con la convocatoria de las elecciones, Y vuelta a empezar…

Hace un mes

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Hoy se cumple un mes desde la celebración de las elecciones generales. Atrás quedan el ruido, las interpretaciones apresuradas, los mensajes interesados, los juicios a partir de las expectativas que siempre tienden a la deformación. Cuatro semanas después ha habido tiempo para ganar cierta perspectiva y poner a cada uno en su sitio. Ya no queda neblina y cada vez hay menos sitio donde esconderse. Veamos dónde están los protagonistas gallegos del 9-M.

Partido Popular. La formación mayoritaria en Galicia celebró la jornada electoral como una victoria, pero la realidad no ha tardado en imponerse. Sólo adoptando la estrategia del avestruz es posible no ver que la nave de los conservadores hace agua y se dirige inexorablemente hacia la pérdida del liderazgo político. Alberto Núñez Feijóo lo sabe, estoy seguro, pero atrapado entre la pared de un grupo parlamentario en el que no se reconoce (fue diseñado para estar en el Gobierno y no para hacer oposición) y la espada de la estrategia de una extrema derecha incompatible con el galleguismo de la herencia fraguiana, al líder del PP gallego le quedaban pocas opciones. Todas eran difíciles. Pero la que él ha elegido es la más improbable: esperar a que las contradicciones entre el PSdeG y el BNG y la desaceleración económica provoquen espontáneamente su caída y fuercen el regreso del PP al Gobierno de la Xunta. Mientras espera, ha perdido los ayuntamientos, la Fegamp y una diputación provincial y se enfrenta a una crisis de liderazgo en el PP español a punto de transformarse en una guerra interna de consecuencias impredecibles. Nada de eso va a ayudar a Feijóo en las elecciones.


Partido dos Socialistas de Galicia. Uno de los rasgos más sorprendentes del PSdeG describe al mismo tiempo su principal debilidad: va camino de convertirse en el partido más votado con la estructura partidaria más raquítica de Galicia. Hay dos factores que pueden explicarlo: la rentabilidad del efecto Zapatero, que funcionó en 2004 y volvió a hacerlo hace un mes, y la capacidad de Emilio Pérez Touriño de sacar partido a su protagonismo al frente de la Xunta. Ambos elementos, y probablemente la orfandad de una amplio sector social ideológicamente indefinido y tradicionalmente identificado con las redes clientelares del poder, ha determinado una interesante novedad: el PSdeG lleva 11 años recuperando apoyo social (tocó fondo en 1997, superado por el BNG y abandonado a su suerte por Francisco Vázquez) pero ahora, por primera vez, no crece a costa del nacionalismo, sino del PP. Ese hecho va a dar alas a los partidarios de desdibujar las políticas de izquierdas, convencidos de que es posible incrementar el respaldo político por la derecha. El congreso de los socialistas gallegos, previsto para después del verano, dará pistas al respecto.

BNG. Los peores augurios no se han cumplido. El nacionalismo recupera posiciones por primera vez en siete años y da la razón a los partidarios de convertir a Anxo Quintana y su política de aggiornamento socialdemócrata en la piedra angular del posbeirismo. El Bloque afronta en muy buenas condiciones el año que falta para las elecciones y está en condiciones de explotar al máximo los dos diputados que tiene en el Congreso (en combinación con un PNV en horas bajas van a permitir a los nacionalistas hacerse valor como nunca en la escena estatal). El veredicto de las urnas desalienta además la disidencia interna y garantiza el apoyo de Francisco Rodríguez, el secretario general de la UPG, que sigue estando en el centro del engranaje político del nacionalismo gallego a pesar de haber abandonado el puesto de portavoz en Madrid.

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Cousas que habería que cambiar

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Ocórrenseme polo menos cinco cousas que habería que cambiar para que o debate entre os líderes políticos galegos que previsiblemente terá lugar na campaña das autonómicas no sexa como o das eleccións xerais que emitiu TVG a semana pasada:

 

  1. Unha organización independente. Sí, xa sei que alguén dirá que CRTVG o foi, pero tamén hai quen sostén o contrario. Polas dúbidas, eupropoño dende xa ó Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia, una entidade de dereito público creada co apoio de tódolos partidos e á que todo o mundo (alomenos todo o mundo razoable) recoñece ter mantido posicións críticas coas prácticas da Xunta tanto na época do PP como na do bipartito.
  2. Tres debates en vez de un. O triángulo organizado por TVG distou moito de ser equilátero (ás veces parecía isósceles) e nestas circunstancias o xogo de alianzas adultera a discusión. É, por así decilo, como permitir os pactos no parchís: detúrpase o espíritu do xogo. Eu propoño tres debates a dous: Touriño-Feijóo, Feijóo-Quintana e Quintana-Touriño. Nesta orde ou noutra, eso tanto ten (para eso sí valen os sorteos). Dese xeito os cidadáns terán ocasión de contrastar que separa de verdade a PP e PSOE, pero tamén a PSOE e BNG e a PP e BNG (cuestión fundamental que se nos furtou no debate da galega).
  3. Xornalismo, por favor. Ata o de agora o importante era que debateran, así que ninguén quixo poñer pegas formais. Pero xa temos visto o que pasa cando os políticos son os que fixan as reglas: moito ruido e poucas noces. Por eso fai falla xornalismo, para facer as preguntas que lles interesan ós cidadáns. Se queren conservar un moderador que faga de garda de tráfico, por min ben, pero o que de verdade importa é un panel de xornalistas que fagan preguntas e impidan ós políticos que podan limitarse a ler os textos que levan preparados.
  4. Menos lobos. Os telespectadores dos países nos que o debate políticos é habitual quedarían perplexos vendo cómo tratamos de converter os debates nun espectáculo boxístico para novos ricos. Non viría mal un pouco de sobriedade para centrar a atención no que de verdade importa.
  5. Unha mesa, non un campo de aterraxe de helicópteros. Por que os realizadores se empeñan en situar ós candidatos tan lonxe os uns dos outros? Máis grande non significa sempre nin necesariamente mellor (tampouco en televisión). Aquí tamén deberíamos aprender daqueles países con experiencia e que sentan ós contrincantes tan perto que se poden tocar. Dese xeito e de cando en cando unha soa cámara pode amosar ó que fala e ó que escoita (ás veces ten máis interese ver que fai e como reacciona o que non ten a palabra que fixarse no que está a falar).

 

Debate y periodismo

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He leído en alguna parte que en el debate entre Rajoy y Zapatero faltó periodismo. Y es verdad. Pero así debía ser. El papel del moderador, en estos casos, es el de un guardia de tráfico que se limita a dar paso y a controlar los tiempos, porque ni hay preguntas ni repreguntas, algo esencial para un periodista. Quizá por eso lo organizó la Academia de Televisión  y no un colectivo de periodistas, que seguramente habrían introducido (como se hace en Estados Unidos) un panel de preguntas a cargo de destacados profesionales. Aún así, el espectáculo mereció la pena y ha vuelto a demostrar la falsedad de que la política no interesa: una de las mentiras electorales más extendidas.

Mientras esperamos el segundo debate, me pregunto si los líderes políticos gallegos aceptarían participar el año que viene, justo antes de las elecciones autonómicas, en un debate organizado por el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia. Imagino que no: tienen miedo a perder el control…

Arrancan las autonómicas

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“Se equivocarían si lo hicieran”. En el Partido Popular no olvidan el error cometido por Manuel Fraga al adelantar las elecciones autonómicas de 2005 y no creen que Emilio Pérez Touriño vaya a tropezar en la misma piedra. Ponen como ejemplo lo ocurrido a su presidente fundador, que perdió el poder tras 16 años de mayorías absolutas, pero también utilizan al BNG como argumento. Los nacionalistas, dicen, no van a permitir un adelanto, sobre todo si acaban entrando en el juego de los pactos que el PSOE puede necesitar durante la próxima legislatura.

 

La hipótesis de un anticipo de las autonmicas no pasa de ser una mera especulación de laboratorio impulsada por una parte del equipo del presidente de la Xunta, pero el mero hecho de que haya sido puesta sobre la mesa hace que todos los análisis acerca del escenario político de Galicia después del 9 de marzo se vean obligados a estudiarla.

 

El calendario oficial establece que las elecciones gallegas deberán celebrarse, como muy tarde, en junio del año que viene, pero todo apunta a que socialistas y nacionalistas anticiparán los comicios al menos a principios de marzo para evitar que coincidan con las europeas. Sería, en ese caso, un adelanto “técnico” y no político, porque en la legislatura estaría de hecho prácticamente agotada. En cambio, lo que algunos están considerando es la posibilidad de acudir a las urnas el próximo otoño.

 

En las direcciones de los tres partidos parece haberse consolidado la idea de que una victoria clara de José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente si viene acompañada de un triunfo socialista en votos y en escaños en Galicia, es suficiente para que los partidarios del anticipo electoral animen a Touriño a examinar en serio la posibilidad de hacer uso de su prerrogativa legal y adelantar la cita con las urnas al mes de octubre, antes de que comience la negociación de los Presupuestos de 2009.

 

En el BNG están convencidos de que si el PSdeG se convierte en la primera fuerza política de Galicia va a tener que hacer frente a la tentación de disolver el Parlamento y tratar de rentabilizar ese ascenso en la urnas. Hay un sector del PSOE, dicen, que cree incluso que podrían estar en situación de gobernar en solitario. “Consideran lo de Lugo [donde el socialista Xosé López Orozco gobierna en minoría] un laboratorio; un ensayo” de lo que podría ser una legislatura con un gobierno monocolor que se apoyase alternativamente en el Bloque o en el PP, según los casos. Hay a quien le gustaría promover “una polarización como la del Estado”, un sistema a dos bandas (PP y PSOE) mucho más cómodo para ambas formaciones porque eliminaría la necesidad de contar con el BNG.

 

En el PP y en algunos sectores del PSOE añaden a la ecuación un posible retroceso electoral del Bloque, especialmente si es lo suficientemente significativo como para desatar una crisis interna en la organización nacionalista. Una opinión extendida en los partido estatales es que la pérdida de apoyo ciudadano que experimenta el Bloque desde 2001 va a continuar y en ese caso Quintana no puede seguir liderando fracasos electorales y “hacer como que no pasa nada”.

 

No obstante, falta muy poco para las autonómicas y todo indica que, aun con un mal resultado, el Bloque cerrará filas y presionará para prolongar la legislatura y rentabilizar al máximo su presencia en la Xunta. “Lo lógico es agotar el mandato”, aseguran desde las filas nacionalistas.

 

En el PP creen que, en todo caso, la dependencia del BNG obliga a Touriño a consultar con sus socios, una opinión que comparten algunos socialistas: “Lo razonable es continuar hasta el final” de mutuo acuerdo para estar “en condiciones de volver a pactar en el futuro”. Desde el entorno del presidente apuestan también por “agotar la legislatura”. Pero subrayan, por si las dudas, que la ley le atribuye “sólo a él” la capacidad de disolver el Parlamento.

 

La mayoría de los dirigentes gallegos cree que lo más probable es que el 9-M revalide el equilibro de poder en vigor desde las autonómicas de 2005. De hecho, en las filas socialistas, aunque se sigue dando por segura la conquista de un escaño por Ourense, empieza a imponerse la idea de que va a perder un diputado en A Coruña. De ser así, el PP conservaría su predominio en Galicia en votos y escaños (11) a pesar del ascenso del PSdeG (10) y el BNG mantendría su posición (2). “No va a ser fácil ser la fuerza más votada”, admitía esta semana un dirigente socialista. Si el resultado es este, en lo que se refiere a Galicia todo va a depender de lo que pase en Madrid. Con Rajoy en el Gobierno, Feijóo llegaría “vivo” a las autonómicas y el bipartito se vería obligado a prolongar al máximo su mandato. Si el que gana es Zapatero, bajarán al mínimo las posibilidades del PP gallego de recuperar el poder.

 

Los grupos que apoyan a la Xunta dan por sentado que si Rajoy es derrotado y el PP retrocede en Galicia Feijóo tendrá serias dificultades. Algunos advierten que “las navajas” en contra de “Feijóo y de su equipo” saldrán a relucir “a la mínima”. Otros sitúan a José Luis Baltar al frente de una revuelta protagonizada por los muchos alcaldes incomodados por la indigencia en la que les ha dejado la pérdida de poder en España y en Galicia.

 

En el seno del PP las cosas no se ven del mismo modo, pero no abunda el optimismo. El liderazgo de Feijóo “no está en discusión en estos momentos”, apunta un dirigente del partido con escaño en el Hórreo “y no se puede cuestionar, no tiene sentido”. “Otra cosa es”, advierte un compañero suyo, lo que puede ocurrir “después de las autonómicas” si Feijóo pierde frente al PSOE y el BNG. “Ahora mismo puede haber opiniones diversas pero nadie estaría dispuesto a dar el paso” de enfrentarse a Feijóo, pero después sumaría “dos fracasos seguidos”. Incluso sería muy probable, afirma el mismo dirigente popular, “la aparición de una fuerza alternativa al PP”.

Chiringuitos, mensajes y dobles raseros

Chiringuitos. En la lista del debe del actual Gobierno bipartito hay que reservar un espacio destacado a la administración paralela, tantas veces denostada por socialistas y nacionalistas cuando estaban en la oposición. En vez de dar marcha atrás y desmontar el aparato de entidades creadas por el PP con el único fin de escapar del control público, tal y como se habían comprometido a hacer antes de las elecciones, los gobernantes gallegos profundizan cada vez más en las prácticas que antes criticaban. El último ejemplo, hoy mismo en el Parlamento, con la creación de la Axencia Galega de Industrias Culturais, que la conselleira Ánxela Bugallo no ha dudado en defender apelando a las ventajas del derecho privado.

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El mensaje equivocado. Pues claro que Kosovo sienta un precedente: el de un territorio que decide su futuro al margen del derecho internacional (el acta de Helsinki y las resoluciones de Naciones Unidas). El que no quiera verlo actúa siguiendo la táctica del avestruz, no el de la razón. Y si el argumento para distinguir lo ocurrido en la antigua provincia Serbia de cualquier hipótesis parecida de aplicación en España (especialmente en Euskadi) es que aquí no se ha producido un conflicto sangriento y una intervención extraordinaria por parte de la OTAN y la ONU, sólo estaremos señalando que el camino a la autodeterminación pasa por desestabilizar el statu quo. Y ese no sólo es un mensaje muy peligroso sino que además es mentira, como saben muy bien los chechenos.

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Doble rasero. Y digo yo que si lo de las protestas e insultos contra María San Gil en Santiago fue a consecuencia del Gobierno de coalición PSOE-BNG, tal y como afirmó en su día El Mundo, lo de las protestas e insultos contra Rosa Díaz en Madrid debe ser culpa de Esperanza Aguirre…

Sobre los pactos

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Del Dilema del Prisionero se deduce que la búsqueda del máximo beneficio a toda costa lleva a renunciar al beneficio mutuo de la opción cooperadora. PSdeG y BNG lo saben perfectamente y por eso llegaron a un acuerdo marco para gobernar los ayuntamientos en los que se necesitan el uno al otro. Ahora bien, como demuestra un experimento realizado un experto en la teoría del juego citado por Eduardo Punset en El viaje a la felicidad (Destino, 2005) la viabilidad práctica de la opción cooperadora depende de la confianza. Y la confianza en cada municipio no se puede fabricar en una mesa de negociaciones.

Es decisivo “hacer aflorar la confianza de cada individuo en la credibilidad del resto”, una circunstancia que, por otra parte, forma parte de “las bases psicológicas de la incidencia significativa de una democracia transparente, es decir, preocupada por generar la confianza individual en los estamentos políticos”. Por esa razón, aunque socialistas y nacionalistas visualicen (en la virtualidad del acuerdo marco) las ventajas de la opción cooperadora, eso no quiere decir que (en todos los casos reales de la negociación en el ámbito local) exista suficiente confianza como para que las dos partes optimicen el máximo beneficio individual a través de la cooperación.
Las ventajas de la opción cooperadora no son los únicos rasgos determinantes de la negociación política que PSdeG y BNG mantuvieron durante ocho días en busca de un acuerdo para gobernar los municipios sin mayoría absoluta.
Uno de los más importantes es que todos los miembros de la comisión negociadora, tanto los de una formación como los de la otra, sabían desde el principio que iban a firmar. ¿Por qué, entonces, el (aparente) vaivén de las conversaciones? La respuesta hay que buscarla en la parte más débil de la negociación. La condición de fuerza minoritaria obliga a quien asume ese papel a hacer ver que, por más que las ventajas de la cooperación así lo determinen, el futuro no está escrito. De ahí que sus dirigentes tuviesen interés en escenificar que el pacto no era inevitable. La capacidad de mejorar posiciones de la parte más débil en cualquier negociación depende directamente de que sea capaz de hacer verosímil su afirmación de que el acuerdo final no tiene por qué ser el que todos esperan; de lo contrario no obtendrá ventaja alguna, porque a su adversario, la parte más fuerte, le bastaría con esperar de brazos cruzados.
Por esa razón la estrategia negociadora de la parte más débil de un proceso dirigido a lograr un acuerdo exige no dar nada por sentado y hacer que el contrario visualice la verosimilitud del escenario que menos le favorece. La parte más fuerte debe creer que su socio potencial está dispuesto a mantener el desacuerdo, sólo de ese modo estará dispuesto a hacer concesiones para no poner en riesgo su objetivo final.
Para construir este escenario, la parte más débil, en este caso (y en términos exclusivamente aritméticos) el BNG, siguió el libro. Sus dirigentes extremaron las demandas y exhibieron las alternativas. De ahí que el Bloque subiera la apuesta reclamando tenientes de alcalde con poder y gobiernos ordenados de manera que reflejasen la existencia de dos referentes políticos en los ayuntamientos.
El BNG moduló perfectamente la distancia entre las expectativas (de los partidos y de los medios de comunicación) y la realidad para que la parte más fuerte de la negociación, el PSdeG, no diese el acuerdo por sentado. Los medios, es evidente, entraron en ese juego y sirvieron de correa de transmisión a dos mensajes cruciales para los negociadores nacionalistas: que las conversaciones estaban rotas, justo cuando comenzaban, y que el acuerdo era prácticamente imposible, justo cuando ambas partes se disponían a redactar el documento final. (Por cierto: la tentación de los nacionalistas de intentar esculpir la opinión pública controlando el flujo de información es perfectamente normal tratándose de una formación política; otra cosa muy distinta es el juicio que merezca, en términos deontológicos, la combinación de ingenuidad y connivencia que mostraron los medios a la hora de trasladar a los ciudadanos lo que realmente estaba pasando).
El BNG trataba de maximizar sus opciones y el PSdeG intentaba reducirlas, pero sin que ninguna de las dos partes considerase realmente otras alternativas. Esa evidencia, firmemente asentada a ambos lados de la mesa de negociaciones, redujo el margen de maniobra a la búsqueda de una fórmula que permitiese a socialistas y nacionalistas trasladar a la sociedad la imagen de un acuerdo en el que cada uno de ellos obtenía el máximo resultado. El PSdeG la unidad de los gobiernos municipales bajo el liderazgo socialista y el BNG la existencia de gobiernos en los que fuesen visibles dos referentes políticos diferentes.
La prueba de todo ello es el pacto mismo. En última instancia, la única diferencia sustancial entre los acuerdos de 2003 y el de 2007 es que sólo habrá un teniente de alcalde por ayuntamiento. Ese empate técnico en la negociación es el resultado de la conciencia común de que no existían alternativas reales. Dehaber confirmado la tesis el Dilema del Prisionero, ambos habrían obtenido un bien inferior al que lograrían mediante la cooperación. En vez de eso, ambas formaciones acabaron aceptando que el punto de llegada era el mismo que el de partida; así que convirtieron el camino entre uno y otro punto en un mera escenificación que diese satisfacción a sus expectativas iniciales. Uno de los negociadores lo confesaba en privado: ambas fuerzas están condenadas a entenderse, al menos durante dos legislaturas. Si se asume ese hecho, lo que único que sus dirigentes deben decidir en cada momento es si su modelo de convivencia se basa en el principio de la cooperación o es en realidad un campo de minas plagado de sobresaltos. ¿El resto? Puro teatro.

Ganadores y perdedores

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Diario de Campaña (5)
¿Todos han ganado? Es evidente que no. Las elecciones del domingo, al menos en Galicia, son un ejemplo de cómo una ligerísima variación en la decisión de los votantes puede poner patas arriba todo un mapa político. Examinemos las principales magnitudes partido a partido.

1. Partido Popular
Veamos primero los concejales. Su número es importante, al fin y al cabo es lo que elegimos los que fuimos a votar (y los que no, aunque ellos crean lo contrario). En cifras absolutas el PP se lleva el gato el agua, pero el partido de Alberto Núñez Feijóo haría muy mal en celebrar el resultado como una victoria. Porque aunque ha conseguido 1.789 de los 3.847 puestos a cubrir (el 46,5% del total), ha perdido 253 (un 12,3% menos).
El cómputo de alcaldías es todavía relativo, porque muchas de ellas dependen de que fructifiquen o no los pactos poselectorales. No obstante, a la vista de los resultados y teniendo en cuenta los precedentes de otros años, no es aventurado suponer que el PP se quedará al final con entre 150 y 160, lo que significa que, por primera vez en dos décadas, los conservadores gallegos sólo tendrán bajo su control a la mitad de los ayuntamientos de Galicia.
Van a ser, en todo caso, municipios con poca población. El mayor de ellos es el de Ribeira, una localidad de apenas 30.000 habitantes. De hecho, apenas el 30% de los gallegos tendrán alcalde del PP durante los próximos cuatro años.
En cuanto a las Diputaciones, el PP mantiene el dominio en número de diputados en las cuatro, pero no sólo no recupera la de A Coruña sino que va a perder el control de la de Lugo.
Prestemos atención ahora al número de votos. El PP ha perdido 39.227 (un 1,65% menos) en comparación con las elecciones de 2003. Sus 656.195 sufragios les sitúan en primer lugar, pero no sólo representan menos del 40% del total (la cifra más baja desde que el PP sustituyó a UCD como referencia en el centroderecha) sino que son 137.619 menos que los de la izquierda (entendiendo por tales los del PSdeG y el BNG juntos). Hace cuatro años la diferencia era de 83.066 votos, lo que significa que se ha incrementado más de un 65%. Si sumamos los votos de los tres grandes partidos, los del PP representan el 45,25%.
Alberto Núñez Feijóo ha celebrado los resultados porque tiene más concejales, más alcaldes y más votos que nadie. Y ha pasado por alto que son los peores que obtiene su partido en unas municipales en 20 años. No sólo tendrá menos poder que nunca sino que su influencia, limitada a las zonas rurales, sólo alcanzará a un tercio de la población.

2. PSdeG
Los socialistas han ganado 190 concejales (un incremento del 20,4%) y ahora tienen un total de 1.117 ediles. Son 672 menos que el PP, lo que significa que, en lo que se refiere a esta magnitud, desde 2003 la diferencia entre ambas formaciones se ha reducido casi un 40%.
Todavía no hay pactos, pero es más que probable que, a partir del 16 de junio, el PSdeG sume más de un centenar alcaldías, casi un tercio del total. Es una cifra sin precedentes para los socialistas, pero lo verdaderamente relevante es que se trata de municipios que, en conjunto, son el hogar del 60% de los gallegos. Los socialistas retroceden en A Coruña, Lugo y Santiago y avanzan en Pontevedra, Ferrol, Ourense y Vigo. El balance final es que siete de las ocho localidades con más población tendrán alcalde del PSdeG.
En el ámbito provincial, el PSdeG amplía su control de las diputaciones sumando Lugo a la de A Coruña.
Fijémonos ahora en los votos. Los socialistas ganaron exactamente 2 puntos y 25.208 votos en comparación con las elecciones de hace cuatro años. Ahora mismo están a 10,7 puntos y 177.830 votos del PP, cuando hace cuatro años la distancia era de 14,45 puntos y 242.265 sufragios. Se ha reducido, pues, un 26%.
Emilio Pérez Touriño ha celebrado los resultados porque su partido es el único que crece en cifras absolutas y relativas y en todas las magnitudes. Y se apoya en el liderazgo socialista de la alternativa de izquierdas al PP para asegurar que la alianza PSdeG-BNG que ha hecho posible el Gobierno bipartito de la Xunta ha ganado las elecciones municipales.

3. BNG
Los nacionalistas han conseguido 661 concejales. Son 65 más que en 2003, lo que representa un incremento del 11%.
En el capítulo de las alcaldías es donde la ganancia del Bloque se hace más evidente, porque los pactos pueden permitirle duplicarlas y conseguir hasta una treintena de bastones de mando. En términos de población, aproximadamente un 10% de los gallegos tendrán alcalde nacionalista. El BNG conservará además la alcaldía de Pontevedra y por primera vez tiene ante sí la posibilidad de formar parte de los gobiernos municipales de las otras siete ciudades.
Lo curioso es que este balance, positivo en número de ediles y tremendamente favorable en las alcaldías, no se corresponde con el número de votos. De hecho, el Bloque recibió el domingo 9.882 votos menos (una caída de 0,26 puntos porcentuales). La caída de votos del PP le permite ganar posiciones relativas en relación con los conservadores pero en cambio los nacionalistas han perdido peso en lo que se refiere a los socialistas.
Anxo Quintana celebró los resultados porque el BNG prácticamente ha detenido la caída electoral que inició en 2001 (el retroceso es prácticamente nulo) y ha logrado su objetivo de duplicar sus alcaldías.

De todo ello cabe extraer algunas conclusiones:
1. El PP pierde votos, concejales, alcaldes y, sobre todo, poder local, el único soporte institucional que le quedaba después de perder el Gobierno central y la Xunta. Los conservadores acudieron a las urnas con el objetivo de conservar tres diputaciones, las ciudades de Ferrol, Ourense y Vigo y el liderazgo en número de votos. Hoy sólo conservan la primera posición en apoyo popular y han fracasado en los demás objetivos.
2. El PSdeG gana en todas las variables en las que el PP pierde, lo que significa que sale notablemente reforzado de las elecciones. Su objetivo eran siete de las ocho ciudades, tres diputaciones y convertirse en la fuerza más votada. No han conseguido el número uno de apoyo ciudadano y se han quedado sin la Diputación de Pontevedra, pero han alcanzado el resto de sus objetivos.
3. El BNG se proponía entrar en los gobiernos municipales de todas las ciudades, duplicar los municipios gobernados por un nacionalista, conservar la alcaldía de Pontevedra y conquistar Ourense. Han retrocedido en voto en varias ciudades pero, salvo el objetivo de As Burgas, se puede decir que han alcanzado su pretensión.
4. La izquierda (con permiso de la redefinición que del BNG hizo Quintana en plena campaña) gana a la derecha, también en las municipales. El mito de la Galicia conservadora se tambalea.
5. El hecho de que no haya mayorías absolutas en las ocho ciudades más pobladas beneficia, sobre todo, a Emilio Pérez Touriño. Su mayor riesgo, el renacimiento de las baronías de la mano de alcaldes todopoderosos ya no existe. Losada y Orozco son un problema más pequeño para el presidente si tienen que entenderse con los nacionalistas y Bugallo y Caballero son mucho menos peligrosos si carecen de poder absoluto.

Y una obviedad final que no siempre se tiene en cuenta:
Las elecciones locales son elecciones locales. Yerran quienes creen que los ocurrido el domingo anticipa lo que va a pasar en las generales. Los electores no son tontos y saben lo que están votando. Son muy pocos los ciudadanos que el domingo fueron a votar pensando en Acebes, Zaplana o Zapatero, y muchos los que lo hicieron (o dejaron de hacerlo) teniendo muy presente la situación de su barrio.

Como chiquillos

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Diario de Campaña (3)
La semana empezó en domingo, como si fuéramos anglosajones. Y arrancó en Vigo, con ZP como principal atracción, y con un Touriño que cosechó, para sorpresa de muchos, más aplausos de lo que en él es habitual. O era, porque, aunque a lo mejor es pronto, si se confirma como reclamo electoral tendremos ante nosotros la prueba del nueve de cómo la jefatura institucional moldea el liderazgo político.

Siempre he sospechado que atribuimos a nuestros políticos una talla que no tienen. Que los percibimos de forma diferente por el mero hecho de ocupar uno u otro cargo, aunque se trate de la misma persona. Dejamos que el contexto, en este caso el sillón presidencial, modifique la realidad que tenemos ante nuestros ojos. Habrá que estar atentos, en los próximos días, al verdadero alcance de ese fenómeno.
Mientras tanto siguen las escaramuzas de esa guerra sorda que mantienen, desde hace meses, los dos socios del bipartito. La semana pasada vimos cómo el caso el episodio de los cheques asistenciales para la emigración servía de pretexto para uno de los mayores desencuentros de la legislatura. Y este lunes hemos asistido a unan nueva batallita, en este caso a cuenta del control de TVG, resultado de un equilibrio insostenible que es en sí mismo una herida mortal para los medios públicos.
Son como chiquillos. Y por eso todo parece un juego. Aunque en rigor no lo sea y, de verdad, el 27 de mayo estén en juego más cosas que las que, con su comportamiento aparentemente frívolo, nos quieren hacer creer.