¿Expertos?

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Socialistas y nacionalistas acaban de pactar (en secreto, sin que se sepa por qué y con esa actitud vergonzosa que los mortales adoptan cuando se saben culpables de actos impuros) el desbloqueo de la reforma de la ley que regula la radio y la televisión pública de Galicia. Al menos eso dicen sus dirigentes, porque está por ver su voluntad real de pasar de las palabras a los hechos. Lo han hecho, eso sí, anunciando la creación de una comisión de expertos (un amigo mío se echa a temblar cada vez que escucha a un político recurrir a un experto) que no hace sino aumentar las dudas acerca de la verdadera intención de la Xunta. Estas son mis razones para no creer en la sincera voluntad de cambio de nuestro Gobierno.

1) Tres años perdidos. Durante 36 meses, PSdeG y BNG se han limitado a demorar la solución del problema y a gestionar, en su propio beneficio, el modelo del PP. Habrá quien diga que los nacionalistas sí han querido cambiar las cosas, pero no es creíble: sus quejas tienen que ver con el hecho de ser parte perjudicada en el vergonzante reparto que ambas fuerzas políticas hicieron del botín audiovisual. Cuando comenzó todo se repartieron los puestos: las dirección general, la jefatura de informativos de TVG y la dirección de la radio, para el PSOE; la dirección de TVG y la jefatura de informativos de la radio, para el BNG. Hoy es fácil para cualquiera advertirlo en las noticias.

 

2) Nada que inventar. La excusa de que hay que pensar bien los cambios ofende a la inteligencia. Hace muchos años que se sabe cómo solucionar el problema. Es más, lo saben hasta los dirigentes de PSdeG y BNG. Podemos perder el tiempo debatiendo hasta la extenuación si los políticos deben pesar un 49% o un 0% a la hora de decidir lo que la radio y la televisión pública deben o no deben emitir (especialmente en los informativos), pero de lo que no hay duda es de que no debemos permitirles conservar el control. Si lo hacemos, como ellos quieren, sólo estaremos dándoles la razón, admitiendo que la información debe someterse al poder. No pareced un buen mensaje para la salud del sistema democrático.

 

3) Lo que los políticos entienden por expertos. Los políticos entienden por expertos, por regla general, personas que pueden dirigir e una u otra dirección. El que no lo crea que eche un vistazo a la composición del actual consejo de administración de CRTVG en el que, según la ley, sólo deberían sentarse personas de reconocido prestigio (reto a cualquier a citar uno solo que cumpla esta condición).

 

4) La exclusión de los periodistas. A riesgo de equivocarme, me atrevo a adelantar que el comité de expertos no incluirá a los periodistas y, específicamente, a su única expresión legal, el Colexio de Xornalistas de Galicia. No sólo por su independencia, que la tiene, sino porque es sin duda la institución que más tiempo y energía ha dedicado a promover la reforma de los medios de comunicación públicos.

 

¿Todo para qué? Para que el trámite de la ley decaiga con la convocatoria de las elecciones, Y vuelta a empezar…

Mi fe se ha quebrado

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Durante años he mantenido y defendido la necesidad social de los medios de comunicación de titularidad pública. Lo he hecho porque creo que tienen un papel que cumplir, especialmente en el marco de un sistema audiovisual muy diversificado en el que las reglas de la competencia dejan muy escaso margen a los contenidos de calidad más allá del entretenimiento y las producciones de ficción. Tanto lo he creído que, siempre que se ha planteado la cuestión, he apostado por la (impopular) solución de unos medios sin publicidad, libres de tener que rendir cuentas a los vaivenes de la audiencia y financiados directamente a través de los presupuestos. Mi fe, sin embargo, se ha quebrado. Definitivamente.

La causa de mi descreimiento tiene mucho que ver con los partidos políticos y la experiencia del cambio de gobierno en Galicia. Los quince años de dominación del PP sobre la radio y la televisión autonómicas no enseñaron nada al PSdeG y al BNG (o quizá enseñaron demasiado). El resultado es que entre unos y otros han demostrado que no hay esperanza para unos medios sometidos a un férreo control político e ideológico. Unos medios que siguen sin entender cuál es su papel en una sociedad necesitada de contenidos audiovisuales alternativos. Unos medios que deberían tener prohibido reproducir las prácticas más perversas de sus homólogos privados.
A estas alturas, ya sólo queda el argumento de la normalización lingüística para justificar el derroche de dinero y energía que conlleva mantener en pie la Compañía de Radio Televisión de Galicia (CRTVG). Pero ya ni eso se sostiene, especialmente cuando está en manos de la administración la posibilidad de condicionar al uso del gallego la concesión de canales de televisión digital terrestre.
La gota que colma el vaso, la madre de todas las transgresiones, la última burla de todo lo que debe ser y representar la responsabilidad social de los medios públicos es esa especie de remedo enxebre del tomate que presenta superpiñeiro cada tarde en TVG. Tengo amigos (buenos amigos) que trabajan en la televisión y la radio públicas, que son grandes profesionales, creen en el modelo y no se lo merecen pero, lo siento, yo he dejado de creer.
Privaticemos CRTVG. Y pongamos punto y final a tanto despropósito.

Cousas que habería que cambiar

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Ocórrenseme polo menos cinco cousas que habería que cambiar para que o debate entre os líderes políticos galegos que previsiblemente terá lugar na campaña das autonómicas no sexa como o das eleccións xerais que emitiu TVG a semana pasada:

 

  1. Unha organización independente. Sí, xa sei que alguén dirá que CRTVG o foi, pero tamén hai quen sostén o contrario. Polas dúbidas, eupropoño dende xa ó Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia, una entidade de dereito público creada co apoio de tódolos partidos e á que todo o mundo (alomenos todo o mundo razoable) recoñece ter mantido posicións críticas coas prácticas da Xunta tanto na época do PP como na do bipartito.
  2. Tres debates en vez de un. O triángulo organizado por TVG distou moito de ser equilátero (ás veces parecía isósceles) e nestas circunstancias o xogo de alianzas adultera a discusión. É, por así decilo, como permitir os pactos no parchís: detúrpase o espíritu do xogo. Eu propoño tres debates a dous: Touriño-Feijóo, Feijóo-Quintana e Quintana-Touriño. Nesta orde ou noutra, eso tanto ten (para eso sí valen os sorteos). Dese xeito os cidadáns terán ocasión de contrastar que separa de verdade a PP e PSOE, pero tamén a PSOE e BNG e a PP e BNG (cuestión fundamental que se nos furtou no debate da galega).
  3. Xornalismo, por favor. Ata o de agora o importante era que debateran, así que ninguén quixo poñer pegas formais. Pero xa temos visto o que pasa cando os políticos son os que fixan as reglas: moito ruido e poucas noces. Por eso fai falla xornalismo, para facer as preguntas que lles interesan ós cidadáns. Se queren conservar un moderador que faga de garda de tráfico, por min ben, pero o que de verdade importa é un panel de xornalistas que fagan preguntas e impidan ós políticos que podan limitarse a ler os textos que levan preparados.
  4. Menos lobos. Os telespectadores dos países nos que o debate políticos é habitual quedarían perplexos vendo cómo tratamos de converter os debates nun espectáculo boxístico para novos ricos. Non viría mal un pouco de sobriedade para centrar a atención no que de verdade importa.
  5. Unha mesa, non un campo de aterraxe de helicópteros. Por que os realizadores se empeñan en situar ós candidatos tan lonxe os uns dos outros? Máis grande non significa sempre nin necesariamente mellor (tampouco en televisión). Aquí tamén deberíamos aprender daqueles países con experiencia e que sentan ós contrincantes tan perto que se poden tocar. Dese xeito e de cando en cando unha soa cámara pode amosar ó que fala e ó que escoita (ás veces ten máis interese ver que fai e como reacciona o que non ten a palabra que fixarse no que está a falar).

 

Debate y periodismo

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He leído en alguna parte que en el debate entre Rajoy y Zapatero faltó periodismo. Y es verdad. Pero así debía ser. El papel del moderador, en estos casos, es el de un guardia de tráfico que se limita a dar paso y a controlar los tiempos, porque ni hay preguntas ni repreguntas, algo esencial para un periodista. Quizá por eso lo organizó la Academia de Televisión  y no un colectivo de periodistas, que seguramente habrían introducido (como se hace en Estados Unidos) un panel de preguntas a cargo de destacados profesionales. Aún así, el espectáculo mereció la pena y ha vuelto a demostrar la falsedad de que la política no interesa: una de las mentiras electorales más extendidas.

Mientras esperamos el segundo debate, me pregunto si los líderes políticos gallegos aceptarían participar el año que viene, justo antes de las elecciones autonómicas, en un debate organizado por el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia. Imagino que no: tienen miedo a perder el control…

‘Outfoxed’

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“Los medios de comunicación son el sistema nervioso de una democracia”. La frase es de uno de los entrevistados en Outfoxed, un documental estrenado hace cuatro años, durante la campaña de las presidenciales que enfrentaron al demócrata John Kerry y al republicano George W. Bush. La pieza radiografía la manera en que la cadena de noticias norteamericana Fox News, propiedad del magnate australiano Rupert Murdoch (el empleador de José María Aznar, por si alguien todavía no lo ha situado ideológicamente), manipula la realidad al servicio de los intereses de la derecha política y económica de Estados Unidos.

El documental contiene revelaciones escalofriantes, al menos para quienes creemos en las exigencias de servicio al público del periodismo, y aporta datos esenciales para quien quiera conocer el cómo y el porqué del resultado electoral de las presidenciales norteamericanas de 2004.
Para nosotros, además, tiene un elemento de interés añadido: es perfectamente posible relacionar la estrategia de Fox News entonces (y en la actualidad, porque nada ha cambiado al respecto) con la de los periódicos y emisoras de radio españoles perfectamente alineadas con la estrategia de la derecha política de este país. La actitud autoritaria de Bill O Reilly, el presentar estrella de la cadena, y el talante psicótico de Jiménez Losantos son parientes de la misma familia. Hacer esta comparación no sólo nos ayudará a entender mejor lo que está pasando aquí y ahora sino que nos hará enfrentar en mejores condiciones el hecho de que una gran parte de la población sigue creyéndose las mentiras de El Mundo y la COPE. Sus lectores y radioyentes sostienen sin rubor que el 11-M fue organizado para favorecer al PSOE y que Zapatero pactó con ETA la ruptura de España del mismo modo que los telespectadores de Fox News mantienen que en Irak se encontraron armas de destrucción masiva y que este país estaba vinculado con el ataque de las torres gemelas.
Outfoxed revela además las sombrías consecuencias que está teniendo la forma de manipular de Fox News sobre el ejercicio responsable del periodismo al forzar a los demás medios a introducir rasgos de espectacularidad cada vez más reñidos con la honestidad profesional allí donde antes sólo reinaban el rigor y el interés público. Imprescindible.

Con franqueza

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“Puede que esto no guste a nadie. Al final de este discurso, puede que algunos acusen a este periodista de morder la mano que le da de comer… Y puede que reprochen a la asociación haber dado acogida a ideas subversivas e incluso peligrosas. Y, sin embargo, el sofisticado entramado de emisoras, agentes de publicidad y patrocinadores permanecerá impasible. Es mi voluntad y mi deber hablar con franqueza a los que integran este sistema sobre lo que ocurre en la radio y la televisión. Y si lo que voy a decir trae consecuencias, yo soy el único responsable de esta opinión”.

“Pasaremos a la historia por nuestros actos. Si dentro de 50 o 100 años aún quedan historiadores, y se han conservado kinescopios de lo emitido en una semana por las tres cadenas, encontrarán registradas en blanco y negro o en color pruebas de nuestra decadencia, nuestro escapismo y nuestro aislamiento de las realidades del mundo en que vivimos. Somos una sociedad opulenta, acomodada y autocomplaciente. Adolecemeos de una alergia innata a la información que nos perturba”.
“Los medios son un reflejo de esta situación. Como no dejemos de considerarlos un negocio y no reconozcamos que la televisión está enfocada básicamente a distraernos, engañarnos, entretenernos y aislarnos, la televisión y los que la financian, los que la ven y los que la producen, podrían percatarse del error demasiado tarde”.

Edward R. Murrow, (25 de octubre de 1958).

El viaje de una madre

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Renée C. Byer es una fotógrafa norteamericana que trabaja para The Sacramento Bee, uno de los diarios californianos que más se distinguen por su cuidado diseño y una extraordinaria edición gráfica. La serie de fotografías que realizó para ilustrar El viaje de una madre, un reportaje sobre el cáncer infantil, es de las que reconcilian el periodismo con la realidad. Atrévete a verlas.

Y de paso descubre la clase de periodismo que es posible hacer desde los medios impresos, incluso desde los diarios, cuando se entiende cuál es su verdadero papel y no se cede al deslumbramiento de la televisión y al artificio de Internet. El trabajo de Byer obtuvo el Pulitzer de este año al mejor reportaje fotográfico, gracias en buena parte a la decisión de Cyndie French y su hijo Derek de abrirle la puerta de sus vidas durante un año. La historia es trrágica pero en ensayo visual tiene una profundidad desgarradora. Si quieres concoer más sobre este caso, puedes leerlo aquí.

Periodismo de emociones

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Puede que no lo haya hecho del todo bien y es seguro que se equivocó haciéndose la foto de las Azores, pero cuando opina sobre los medios de comunicación tiene más razón que un santo: “El impacto es lo que importa. La exactitud es importante pero es secundaria (…). Los diarios de calidad afrontan las mismas presiones que los tabloides; las televisiones, las mismas que los diarios. Hay que conseguir audiencia, mantenerla y atrapar sus emociones. Algo interesante es menos poderoso que algo que emociona”.

En esta información de El País puedes conocer más detalles acerca de la conferencia de Tony Blair en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo. Las negritas, por supuesto, son mías:

Tony Blair, a quien le queda algo más de dos semanas como primer ministro británico, lanzó ayer un duro ataque contra el periodismo actual y los cambios producidos con la llegada de las nuevas tecnologías. Blair dijo que la competencia brutal lleva a la prensa a comportarse como “bestias salvajes”, ha provocado la pérdida de valores, como el de la búsqueda de la verdad, y modificado la relación entre medios de comunicación y políticos, que de esta manera ven “reducida su capacidad para tomar las decisiones correctas”.
“El impacto es lo que importa. La exactitud es importante, pero es secundaria. (…) Los diarios de calidad afrontan las mismas presiones que los tabloides; las televisiones, las mismas que los diarios. Hay que conseguir audiencia, mantenerla y atrapar sus emociones. Algo interesante es menos poderoso que algo que conmociona”, aseguró el primer ministro británico.
Blair se decidió a hacer públicas sus ideas sobre el estado del periodismo actual “después de muchas dudas”, según confesó. “A algunos les parecerán basura, pero era necesario decirlo”. Y lo hizo ante la audiencia adecuada, en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, en la sede de la agencia británica en Canary Wharf de Londres.
Quiso presentar estas opiniones como sus reflexiones tras 10 años como primer ministro de Reino Unido y 13 como líder del Partido Laborista. Blair advirtió de entrada que no se trata de buscar culpables, sino soluciones a un problema. Admitió de inmediato sus propios pecados debido a la “inusual” atención que el Nuevo Laborismo prestó a los medios “en los primeros años”. Y subrayó que “no es la gente lo que ha cambiado, sino el entorno”.
Es decir, no es que los periodistas sean más malignos hoy que ayer, pero los cambios que vive el mundo de la información han agravado el antagonismo entre la prensa y los políticos. “Las relaciones entre los medios de comunicación y los políticos son, necesariamente, difíciles. Así tiene que ser”, dijo Blair.
Su tesis es que en un mundo con canales de información 24 horas al día siete días a la semana, en el que han irrumpido las ediciones electrónicas y hay millones de blogs compitiendo con los medios tradicionales y alejando de ellos al público más joven, “el mundo de los medios -como todos los demás mundos- está cada vez más fragmentado, más diverso y transformado por la tecnología”.
Eso ha generado una lucha feroz por la audiencia y la tirada que en su opinión hace que los políticos tengan que afrontar la información en tiempo real, modificando su forma de exponer el discurso, y ha llevado a los medios “en un grado muy peligroso a la búsqueda del impacto”.
Eso provoca, en su opinión, seis consecuencias: “El escándalo y la controversia derrota al periodismo ordinario”; los “errores” se convierten en “engaños”; “el miedo a perderse algo hace que los medios de hoy, más que nunca, cacen en manada: son como bestias salvajes, haciendo añicos a la gente y su reputación”; en vez de la información de la noticia se impone la interpretación de esa noticia; eso hace que información y opinión se confundan de forma rutinaria; por lo tanto, “no hay equilibrio”: todo es “o triunfo o derrota, ya no hay grises, sólo blanco o negro”.
Blair vio algo de luz en esa oscuridad: en un mundo en el que “la confianza en los periodistas no es mucho mayor que la que hay en los políticos (…) hay un deseo de imparcialidad, un mercado para informar de forma seria y equilibrada”.
“Creo que la relación entre la vida pública y los medios está dañada de tal manera que exige una reparación”, concluyó. Pero, en el coloquio que siguió a su intervención, descartó que esa solución pueda venir a través de organismos reguladores: “El cambio no puede ser impulsado por los políticos, sino por los propios medios”, aseguró.