Dentro del barril

Hay tres cosas que el PSOE debería evitar si quiere volver a jugar algún día un papel relevante en esto de la política. Son sencillas; no es necesario organizar conferencias políticas ni reuniones de alto nivel para llevarlas a la práctica. A lo mejor no evita que sigan perdiendo votos, pero al menos hará que se sientas más cómodos cuando se levanten por las mañanas.

  1. No escuchar a los militantes. Esto es feo, muy feo. Un partido que teme oír la voz de sus bases no puede llamarse a sí mismo democrático. Que la preocupación de la Ejecutiva sea cortar de raíz cualquier intento de convocar primarias demuestra hasta qué punto entienden el ejercicio del poder como una trinchera.
  2. Creer que la credibilidad se fabrica. A ver, que los ciudadanos son más inteligentes que eso. La credibilidad, efectivamente, no llama a la puerta, no se diseña artificialmente, no se compra en floristerías ni se subcontrata a consultorías de moda. La credibilidad se gana cada día pero, ojo, difícilmente se recupera. Y si la has perdido, porque has formado parte de gobiernos que la dilapidaron, lo mejor que puedes hacer es echarte a un lado y no molestar para que otros, sobre los que no pesen hipotecas, puedan construir nuevos liderazgos.
  3. Adaptarse a la demanda. Escríbanlo mil veces, hasta entenderlo: la política no es un mercado en el que sólo importa ganar. Si un partido tiene que encargar sus propuestas a un think tank es que algo muy de fondo no funciona. La peor política nace de quienes defienden lo que creen que la gente quiere escuchar, no lo que debería nacer de las propias convicciones. Crece gracias a quienes se adaptan en busca de apoyo en vez de permanecer fieles al ideario que dicen respaldar. Y engorda con ayuda de dirigentes dispuestos a salir a defender lo mismo y lo contrario, sin pestañear. 

La dirección del PSOE no sabe qué hacer con sus militantes, no tiene credibilidad y no tiene idea de qué proponer a los ciudadanos. El conflicto con los socialistas catalanes y gallegos y el esperpento de Ponferrada son buenos ejemplos de ello.

Queda mucha pendiente. Y Rubalcaba parece cómodo dentro del barril, rodando cuesta abajo sin entender nada y fiándolo todo a llegar entero al fondo del barranco.

 

 

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